La tensión del anhelante consiste en elegir entre remar o por el Río dejarse ir, fundirse en temible lamento impasible. Sumergido, es atravesado por el volver de los siglos, por corrientes caprichosas donde siempre viajan las mismas preguntas. Navegando, es dominado por los númenes y sus tramas, por susurros insidiosos de los fuegos fatuos que moran en el musgo, la espuma, las ramas. En su tribular y tripular, oye al Río reír: "¿Adónde, dulce niño? ¿Dónde quieres ir?" Pero el anhelante solo sabe amar, y se pierde en la voluptuosidad del agua, caricia infinita; en la novedad de las criaturas que lo acompañan en su travesía; en el empeño de la luz por encontrar colores nuevos; en la alegría de los frutos salvajes; en ser un remar, un nadar, un despertar. Belleza invencible, el olvidar que cuando desea ser agua es madera, y, cuando quería ser madera, no lo era. Y el Río, aun cansado, a veces logra inquirir: "¿Adónde, dulce niño? ¿Dónde quieres ir?" Una mañana, junt...
El teatro crea la vida Tres hombres no pueden ocultarse bajo la tapa de un puchero se articula a partir de la experiencia vivenciada por los hermanos Rodríguez Iglesias, Honorina, Paulino y Herminio, y Lino Oviaño, pero, como señalaron los propios directores, esta historia bien podría tomarse como paradigmática de diversos personajes de la resistencia asturiana, e incluso española, durante la guerra civil y la represión franquista. Si bien la película nace de la lectura de los diarios, cartas y otros textos escritos por Paulino, Herminio y Lino durante aquellos dos años y medio que pasaron en el refugio, esta no se agota en el testimonio. A través de la investigación teatral y un loable trabajo de archivo, Asur Fuente y Sergio Montero componen una obra que es simultáneamente personal y colectiva, logrando establecer una relación dialógica entre la dimensión formal y narrativa de la película. “El hilo conductor de la película es el teatro”, afirmaban los directores en el colo...