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Mostrando entradas de marzo, 2019

el sauce triunfa hoy

La tensión del anhelante consiste en elegir entre remar o por el Río dejarse ir, fundirse en temible lamento impasible. Sumergido, es atravesado por el volver de los siglos, por corrientes caprichosas donde siempre viajan las mismas preguntas. Navegando, es dominado por los númenes y sus tramas,  por susurros insidiosos de los fuegos fatuos que moran en el musgo, la espuma, las ramas. En su tribular y tripular, oye al Río reír: "¿Adónde, dulce niño? ¿Dónde quieres ir?" Pero el anhelante solo sabe amar, y se pierde en la voluptuosidad del agua, caricia infinita; en la novedad de las criaturas que lo acompañan en su travesía; en el empeño de la luz por  encontrar colores nuevos; en la alegría de  los frutos salvajes; en ser un remar, un nadar,  un despertar. Belleza invencible, el olvidar que cuando desea ser agua es madera, y, cuando quería ser madera, no lo era. Y el Río, aun cansado, a veces logra inquirir: "¿Adónde, dulce niño? ¿Dónde quieres ir?" Una mañana, junt...

no consumado

Noche intempesta de furia violeta cayendo sobre mi azul: recogió mi lágrima de su muslo canela, tomé la suya sumergido en tul.   Suspiro luminoso que inaugura un adagio precoz: su danza ya es crin de la eterna ternura, y yo… Lira inane suspensa en su voz. Deseo invencible, puro lamento, persevero: de noche agnición y de día fermento, mientras ella… Se calza y se peina, y Adam cantando.   A la blanca noche, reina de mi marjal, el pas de deux le es esquivo , y Albrecht devengo, criatura espectral: anhelante, en permanente estío.