Ir al contenido principal

las buscas

desde que adquirí el sentido común
he olvidado cómo orientarme: hoy ando
dislocada, con la cabeza por delante. 
"¿cuál?" "¿cuánto?" "¿en qué medida?"
no dejan de preguntarme, pero yo ya 
solo pienso en cómo volver a fundirme
con los colores en las nubes de levante.
¡tantas cosas me enseñó alicante!
que el mundo se abre paso como una
florcita de alelí: a pesar de nosotros;
y que el ritmo de los hombres
jamás debería contravenir al romance
que, sin duda, tienen el mar y la luna...
si la primavera de nuestra vida no es
sino algo que hay que superar, sentiré
la vergüenza propia de los que olvidan
cuando me sorprenda pensando 
que este cuerpo es un habitáculo
para mí solamente, que no es necesario
bailar con nadie para entender nada.
y, aun en medio de esta catástrofe,
hoy... hoy me obstino en persistir. 
creo que sigo buscando a alguien
que me quiera buscar a mí. 





Comentarios

Entradas populares de este blog

harmonía última (con la mujer del mar)

¿adónde fue el vencejo, con su palabra clara? ¿y adónde la ensenada, con su savia sagrada? aquí, ya solo el vaivén de un licor añejo, que, otrora dirigido por el faro y su tiempo, ahora está desacompasado del viento, sin ti. aquí, solo el rumor de un bebedizo infecto, una pueril sonatina sobre últimos encuentros, que, como pupilo irredento, desafina.  veo tu cuerpo, en lucha, en una danza a muerte con el tiempo presente, y a mí me olvida, pero, entonces, el mar bosteza para recordarme que ella, ella es que es de agua, y yo soy sauce, siempre, siempre. sé que con la aurora llegará el deber, y habré de partir, y tripularé mi velero hecho de violeta y lirio, y avanzaré a golpe de beso y verso tibio, y volveré a sumirme en un eterno abril.  pero todavía queda una noche de nuestro estío, así que correteamos por los somnolientos riscos, y, bajo la luz derramada en cada susurro tuyo, nos busco, y nos busco, y nos busco... y solo me encuentro a mí. a mí no me venció el mármol rosado d...

el sauce triunfa hoy

La tensión del anhelante consiste en elegir entre remar o por el Río dejarse ir, fundirse en temible lamento impasible. Sumergido, es atravesado por el volver de los siglos, por corrientes caprichosas donde siempre viajan las mismas preguntas. Navegando, es dominado por los númenes y sus tramas,  por susurros insidiosos de los fuegos fatuos que moran en el musgo, la espuma, las ramas. En su tribular y tripular, oye al Río reír: "¿Adónde, dulce niño? ¿Dónde quieres ir?" Pero el anhelante solo sabe amar, y se pierde en la voluptuosidad del agua, caricia infinita; en la novedad de las criaturas que lo acompañan en su travesía; en el empeño de la luz por  encontrar colores nuevos; en la alegría de  los frutos salvajes; en ser un remar, un nadar,  un despertar. Belleza invencible, el olvidar que cuando desea ser agua es madera, y, cuando quería ser madera, no lo era. Y el Río, aun cansado, a veces logra inquirir: "¿Adónde, dulce niño? ¿Dónde quieres ir?" Una mañana, junt...

hay un verde lima

Te busco... Hay un verde lima que huele a crema solar, a jugo de naranja, a lavanda.  Hay un verde lima que suena a siesta soleada, al juego de las estatuas, a la arribada del barco ciego de Chabuca Granda.  Hay un verde lima que sabe a salitre que persiste, a desencuentro trovado, a jora tratada con sumo cuidado. Hay un verde lima que es índice bailarín sobre la palma de una mano, disfraz improvisado con visillos, cámara no disparada a tiempo. Hay un verde lima que es tan azul como dicha capital, o como lo ibicenco-invernal, o como mi deseo. Hoy siempre es noviembre, y perseguimos juntas unicornios y liebres, y acordamos alumbrar algo digno de Silvio Rodríguez, y vuelvo de las catacumbas de Puig d'es Molins borracha de pretéritos, y tú siempre contestas, riéndote: "¡Si celebrar la vida es celebrar la muerte!".