La tensión del anhelante consiste en elegir
entre remar o por el Río dejarse ir, fundirse
en temible lamento impasible. Sumergido,
es atravesado por el volver de los siglos,
por corrientes caprichosas donde siempre
viajan las mismas preguntas. Navegando,
es dominado por los númenes y sus tramas,
por susurros insidiosos de los fuegos fatuos
que moran en el musgo, la espuma, las ramas.
En su tribular y tripular, oye al Río reír:
"¿Adónde, dulce niño? ¿Dónde quieres ir?"
Pero el anhelante solo sabe amar, y se pierde
en la voluptuosidad del agua, caricia infinita;
en la novedad de las criaturas que lo acompañan
en su travesía; en el empeño de la luz por
encontrar colores nuevos; en la alegría de
los frutos salvajes; en ser un remar, un nadar,
un despertar. Belleza invencible, el olvidar
que cuando desea ser agua es madera, y,
cuando quería ser madera, no lo era. Y el Río,
aun cansado, a veces logra inquirir:
"¿Adónde, dulce niño? ¿Dónde quieres ir?"
Una mañana, junto a una chopera, la amistad
le dio el encuentro. Un navegante que eligió
permanecer en la arboleda. El anhelante
echó el ancla por vez primera, y se adentró
en el espesor, y aprendió el nombre de eso
que lo había impresionado, y a cantarlo,
y a bailarlo, y a cuidarlo, y a volver
a navegar, en compañía, esta vez. Comenzaron
a pasar tiempo bajo un sauce cercano y afable
que les contaba historias sobre el Río, viejo
amigo suyo, y que les protegía del tiempo y del frío.
El sauce se mostró muy sorprendido al notar
el resquemor que en el anhelante producía el Río,
y una tarde dispuso un encuentro entre ambos.
"¿Adónde, dulce niño? ¿Dónde quieres ir?",
preguntó el Río sin dilación, y el anhelante contestó:
"Tú, grandioso Río, que sabes lo que es ser solo
en el todavía, compréndeme: no hay cobardía
en mis deseos; creo que hay valor en recordar
la hermosura (¡tú lo sabes!), en elegir reanudar
viejos cantos, contigo... Y esto es todo lo que soy.
Mi tiempo no es de victorias; el sauce triunfa hoy."
Pasarán las estaciones, mutarán las aguas,
el verdor y las causas, aparecerán navegantes
de tierras lejanas. Mientras tanto, los amigos despiertan
siempre bajo el sauce, entre remilgos se abrazan y,
tras bañarse en el río, se preguntan:
"¿Adónde, dulce amigo? ¿Dónde iremos hoy?"
GRACIAS!
ResponderEliminarQué bueno,por favor!
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