Te vi en la última misa del domingo,
y yo llevaba puesto un vestido
porque había ido con mi familia.
Y tú me viste.
De mi voz el timbre estuvo impreciso.
Oscilaba con tu mirada opaca
porque quería ser capaz de ti.
Tú lo supiste.
Aquella noche lloré amargamente,
bajo la mirada de la virgencita
parapeteada en la fausta mesilla
de mis abuelos.
Ha visto tantas noches de desvelo,
de lamentos al borde de la cama
tras en una almohada haberte buscado
desesperada.
y yo llevaba puesto un vestido
porque había ido con mi familia.
Y tú me viste.
De mi voz el timbre estuvo impreciso.
Oscilaba con tu mirada opaca
porque quería ser capaz de ti.
Tú lo supiste.
Aquella noche lloré amargamente,
bajo la mirada de la virgencita
parapeteada en la fausta mesilla
de mis abuelos.
Ha visto tantas noches de desvelo,
de lamentos al borde de la cama
tras en una almohada haberte buscado
desesperada.
Ayer te vi en el paseo marítimo,
y yo llevaba puesta una camisa
porque mi pelo ansiaba tu caricia.
Hoy ya te ibas.
Deperté pronto para ir al parque,
porque yo me encuentro bajo los árboles,
o en la mar... Allí mi cuerpo no es
traidor primero.
La brisa entre las ramas se llevó
mi infantil esperanza de ser tuyo.
¿Encontraré algún día en el camino
a alguien como yo?

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