Ayer vi Doctor Strange, y, aunque no me hizo mucha gracia que digamos, me quedé pensando en una frase:
Estamos hechos de materia y nada más. Solo es una pequeña partícula momentánea en un universo indiferente.
Esto me recordó a la manera en que Carl Sagan se refirió a la tierra, como un punto azul pálido, expresión que le he estado escuchando a más de una últimamente. Es evidente que esto es así, que la tierra es algo minúsculo, algo que bien podría no significar absolutamente nada, y que cada uno de nosotros somos infinitamente más minúsculos todavía. Una persona representa menos de la millonésima parte de la población mundial, así que lo raro sería no sentirse insignificante de vez en cuando. Pero lo que no podemos hacer es dejar que esa sensación de insignificancia nos paralice, porque yo creo que, aunque pueda parecer lo contrario, el significado que algo pueda tener no depende de lo relevante que sea para el universo. Creo que es conocimiento común que todos los humanos tienen sueños, y tristemente es frecuente que muchos se avergüencen de estos precisamente porque se sienten minúsculos, porque piensan que aunque pudieran llevar alguna de esas ideas suyas a la realidad esta no sería más que una gota en la inmensidad del océano. Pero, ¿qué es el océano si no una multitud de gotas? (Cita robada de Cloud Atlas, novela que, por cierto, os recomiendo para este verano). Es muy frecuente que nos sintamos mal cuando el tiempo pasa y sentimos que no mejoramos en aquello que nos apasiona, pero este sentimiento viene de actuar como si estuviéramos en una carrera contra el universo, ¡qué tontería! Desde niños, se nos enseña a querer ganar, triunfar en la vida, tener éxito, llámenlo como quieran. Se le da tanta importancia a ser el mejor que, al final, lo que ocurre es que las personas tienen tanto miedo a la mediocridad o al fracaso que nunca se atreven a tener una vida original. Y es que no hay cosa más triste en la vida que el talento malgastado, como dice Robert De Niro en Una historia del Bronx, y creo que muchos desatendemos nuestras pasiones simplemente porque sentimos que no llegaremos a ser "los mejores" en ello (de verdad, ¿no os suena tontísimo esto?). Muchas personas contribuirían más al mundo y a su propia felicidad si se aventuraran a construirse un camino propio, en lugar de pasarse la vida intentando ser el que llega más lejos en el camino que supuestamente deberían seguir. Se necesitan caminos inútiles, que se hagan y se deshagan (que se hagan al caminar) y poco frecuentados (sobre esto ya han escrito otros), y con muchas encrucijadas, porque así uno puede detenerse en posadas para cantar canciones con otros caminantes, y comer, y descansar. Pero bueno, ya me estoy desviando del asunto (qué ironía).
Espero que pronto todos dejemos de pensar que no merece la pena dedicarse a lo que uno quiere simplemente porque no tendría impacto en el mundo, porque "no significaría nada". Aunque nuestras esperanzas y nuestros deseos habiten un punto azul pálido que, en la inmensidad de un cosmos al que le es indiferente si existe o no, parece irrelevante, en realidad, yo creo que precisamente por eso no pueden ser insignificantes. Estamos aquí, con nuestros pequeños cuerpos y nuestros pequeños sueños, a pesar de ello. ¿No es un milagro?
Haces llorar .
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