El camión de la basura irrumpe victorioso, sorprendiendo a Fabius Fabians en estado deshonroso: la húmeda mejilla quiere hundirse en el papel, pelusas, tazas sucias y la cama sin hacer. Dos claveles blancos sin vida en el balcón; Fabius Fabians ha pecado por indecisión. Y ahora todas las flores no dejan de gritarle que aunque ahora tenga un cuerpo no volverán a amarle. Ya son las tres y media, ya se para el caminón, ya baja el hombrecillo parecido a Claude Chabrol, y, como de costumbre, coloca la escalera mientras Fabio calcula el tiempo que le queda. Corre a la cocina, y allí está el duende azul preparándose un sándwich de pasta con atún. "Ya nos toca, amigo, ya llegó el camión", se toman de la mano y entonan la canción. El hombrecillo triste ya embiste la persiana, Fabius Fabians se esconde debajo de la cama. El pequeño duende recibe al colibrí, y con sumo mimo lo deja en un cojín. El cuerpo de Fabio baja la escalera guardándose el duende de que nadie lo vea. Fabius Fabian...
linces de discurso, jibias de interioridad