A mi orquídea púrpura... Mírame... y yo seré. Lágrimas; en ti pacer, y, mientrastanto, sutures retratos de mi niñez. Has urdido un sacramento, has tejido para mí el traje que siempre quise, y el islote, y el patín... Entramadas; en mis buscas, voy sin yelmo, sin pudor, sin temor a mis finales; ...inmortal en tu verdor. Y si te quedas dormida, yo aún existiría; ...navegando el mar púrpura contenido en tu pupila. Las elipsis y los verbos son ahora mis amigos. Estoy, estoy, y soy, y soy...; ¡tú me has visto! Ya es hoy.
linces de discurso, jibias de interioridad